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Seguro ya lo viste en las tortillas, en el pan de caja o hasta en la bolsa de totopos: un águila con la leyenda “Hecho en México”. Pero no es un simple adorno, ni mucho menos una marca cualquiera. Desde el 17 de febrero de 2025, cuando se publicó en el Diario Oficial de la Federación el “Acuerdo que establece las marcas de certificación HECHO EN MÉXICO y MADE IN MEXICO”, ese símbolo tiene un respaldo legal muy concreto basado en la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial. Y en poco más de un año, ya se coló en los empaques de salsas, lácteos, textiles, artesanías, entre muchas otras cosas. Lo curioso es que ese emblema está vigente desde 1978 y siempre ha tenido el mismo objetivo: ser el sello oficial que identifica productos nacionales, ya sea porque fueron totalmente producidos en el país o porque fue en territorio nacional donde recibieron su transformación sustancial, cumpliendo, evidentemente, con ciertos parámetros específicos según cada producto. Lo que cambió es que, gracias al acuerdo de 2025, el proceso para acceder a esta certificación se simplificó de manera importante, y esa es justamente la razón por la que hoy vemos el distintivo en muchos más productos que antes.

Así, el águila emblemática que dice “Hecho en México” no es una simple decoración; hoy en día es una marca de certificación que garantiza que lo que estás comprando pasó por un proceso de verificación: calidad comprobada, ingredientes y procesos productivos realizados en territorio mexicano. Dicho de otra forma, cuando ves “Hecho en México” en un producto, no es nada más un slogan patriótico; es la confirmación de que ese producto pasó por un proceso de revisión en el que se acreditó que realmente cumple con lo necesario para portar el emblema con orgullo. Antes de 2025, esta marca existía, pero estaba prácticamente dormida. El acuerdo le dio vida y hoy es un activo real del sistema de propiedad intelectual del país. ¿Y por qué conviene usarla? Porque para los productores representa una ventaja competitiva tangible: distingue sus productos frente a la competencia, genera mayor confianza en el consumidor y abre la puerta a nuevos mercados, tanto nacionales como internacionales, donde el origen mexicano es un valor agregado.

Vale la pena aclarar que “Hecho en México” no es la marca de ninguna empresa, pues a diferencia de las marcas tradicionales, que tienen como objetivo identificar quién fabricó algo o quién provee un servicio, una marca de certificación lo que hace es avalar que un producto cumple con ciertos estándares. La puede usar cualquier persona o empresa que demuestre que su producto cumple con las reglas del juego. No importa si eres una gran compañía o un pequeño productor artesanal: si cumples, la puedes portar. Entre los requisitos principales está acreditar que el producto fue elaborado o transformado sustancialmente en territorio mexicano, cumplir con las normas oficiales mexicanas aplicables al producto en cuestión y someterse a los procesos de verificación que establece el propio acuerdo. Y lo más importante es que ahora acceder a esta marca de certificación ya no es tan complicado; el acuerdo de 2025 simplificó los procedimientos y redujo la burocracia que antes desalentaba a muchos productores, lo cual explica por qué hoy la vemos cada vez más presente en los productos que consumimos.

Hay que decirlo: durante años, conseguir esta certificación podía parecer una tarea imposible porque el trámite era confuso y lento. Pero hoy, después de la publicación del acuerdo, las autoridades están trabajando para que cada vez más productores mexicanos puedan certificar sus productos. El resultado es visible: cada día aparecen más empaques con el águila certificada, desde productos alimenticios hasta artículos de limpieza, calzado y tecnología. Esto no es casualidad, sino consecuencia directa de un proceso más ágil y accesible que está motivando a productores de todos los tamaños a dar el paso. Lo anterior nos garantiza calidad y, a largo plazo, un impulso real a la economía nacional.

Con esta certificación ganamos todos. Para el consumidor, genera confianza porque sabe que detrás de ese sello hay una verificación real, no una promesa publicitaria. Para el productor, es una herramienta de diferenciación que le permite destacar en un mercado saturado y acceder a beneficios como mayor visibilidad, preferencia en programas de compras gubernamentales y reconocimiento en ferias y eventos comerciales. En el anaquel, permite identificar con facilidad cuáles son productos mexicanos entre un mar de opciones. Y, finalmente, es un tema de orgullo e identidad que impulsa el consumo de lo nacional y refuerza el valor de producir en México.

Así, tenemos que el “Hecho en México” es mucho más que un diseño bonito en un empaque. Es un instrumento de propiedad intelectual con respaldo legal que protege al consumidor, impulsa al productor mexicano y posiciona al país como un lugar que se toma en serio la calidad de lo que hace. El acuerdo de 2025 fue el empujón que necesitábamos para que esta marca saliera del olvido y se convirtiera en una herramienta real, y la prueba más contundente está en los anaqueles: cada vez más productos la portan porque cada vez más productores pueden acceder a ella sin perderse en trámites confusos e interminables. Si produces en México, esta certificación puede ser tu mejor aliada; y si consumes en México, buscar este sello es la mejor forma de respaldar la calidad nacional.

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